Skip to content

Pueblos enteros en Argentina agonizan bajo una descontrolada lluvia tóxica

8 enero, 2013

FkVHacJuJOor4-6QQMj7fDl72eJkfbmt4t8yenImKBVaiQDB_Rd1H6kmuBWtceBJ

Los transgénicos presentan un conjunto de implicaciones políticas, económicas, sociales, ecológicas y biológicas.

En el ámbito político, el proceso de imposición de los transgénicos nos demuestra que son las empresas y sus intereses lo que prima por encima de la salud pública y la voluntad popular. El poder económico se alía con las élites políticas y de esta forma la aprobación de los Organismos Genéticamente Modificados se lleva a cabo a espaldas de la ciudadanía, mediante unos procesos repletos de irregularidades, corrupciones y opacidad informativa.

En el ámbito económico, podemos constatar como los transgénicos acentúan todavía más las desigualdades, puesto que la transgénesis se inscribe en una lógica industrial de la agricultura que fomenta la concentración de la producción y por lo tanto la desaparición de muchas unidades agrícolas que no pueden hacer frente a los costes asociados a este modelo, que doblega a los agricultores haciéndolos dependientes de las semillas y los agroquímicos que les venden las grandes multinacionales.

Los transgénicos comportan también el empeoramiento del deterioro y del desarraigo social, ya que contribuyen a que miles de personas sean expulsadas del campo y pasen a engrosar cada vez más los suburbios de las grandes ciudades, malviviendo en la miseria.

Finalmente, los Organismos Genéticamente Modificados juegan un papel crucial en la severa crisis ecológica y biológica que padece la humanidad, puesto que acentúan de forma alarmante la pérdida de biodiversidad y los agroquímicos asociados a ellos contaminan las aguas, los suelos y a las personas.

A pesar de todo, la introducción y proliferación de la agricultura transgénica no tiene nada de extraño si tenemos en cuenta la naturaleza del sistema actual y sus dinámicas. Y es que desde hace aproximadamente 200 años, vivimos en un sistema de economía de mercado capitalista, cuyas dinámicas básicas son, por un lado, el crecimiento económico constante a través de la mercantilización continua, esto es, la necesidad de ir expandiendo el sistema de mercado a cada vez más ámbitos de la vida personal y colectiva, y por el otro, la concentración de poder económico y político en pocas manos, que posibilita que una minoría privilegiada acumule los medios de producción y el capital y que cada vez menos personas puedan decidir sobre las cuestiones económicas y políticas fundamentales de nuestra sociedad.

Si nos fijamos en la evolución de la agricultura y la alimentación en los últimos dos siglos, veremos cómo estas dinámicas de crecimiento, mercantilización y concentración de poder se manifiestan de forma cada vez más pronunciada.

El proceso de mercantilización, que comenzó hace aproximadamente 200 años con el establecimiento del sistema de economía de mercado capitalista, es un proceso mediante el cual se pasa progresivamente de mercados integrados en la sociedad y controlados por ella a un sistema en el cual el mercado está separado de la sociedad y fuera de su control. A lo largo de este proceso podemos observar cómo las dinámicas del sistema de mercado determinan cada vez más el desarrollo social, y cómo numerosos bienes y servicios que anteriormente habían escapado a la lógica mercantil son regulados por el mecanismo de precios.

Así nos encontramos en Argentina con que siete de cada mil niños nacen con malformación craneoencefálica, pudiendo morir en cualquier momento. La explicación, las continuas fumigaciones con agroquímicos.

Un informe del Ministerio de Salud de mayo de 2012 concluía que en las poblaciones expuestas a los agroquímicos había un 30% más de casos de cáncer que en las que no lo estaban. El número de malformaciones en las áreas fumigadas también es mayor.

Argentina, después de Estados Unidos y Brasil, es la tercera gran productora de soja. Este año producirá 55 millones de toneladas. Para ello anualmente se rocían más de 300 millones de litros de agroquímicos sobre sus campos. Estas fumigaciones afectan al menos a 12 de los 40 millones de argentinos, que reciben venenos sobre sus casas, escuelas, parques, fuentes y centros de trabajo.

El permiso de fumigaciones a destajo facilita el uso intensivo de la tierra y evita largo procesos que implican un mayor esfuerzo.

El jefe del servicio de cirugía pediátrica del Hospital Provincial de Posadas, capital de la provincia de Misiones, alertaba que la mayoría de los casos que padecían mielomeningocele, una malformación que, además de un tumor, puede acarrear hidrocefalia, parálisis y daño neurológico, habían sido gestados en zonas donde el uso de agrotóxicos es masivo. Comprobando que incluso la población no expuesta tiene al menos 15 agroquímicos circulando en sangre.

Argentina carece de una Ley Natural de Agroquímicos. Esta falta de control del Estado en el uso de agroquímicos viola el derecho de la gente a no ser fumigada, que se agrava porque a la población expuesta no se le proporciona la asistencia necesaria para el tratamiento de las enfermedades y su seguimiento.

La Red de Salud Popular Ramón Carrillo, en Chaco, denuncia la existencia de registros del uso de los herbicidas glisofato y 2.4D, el componente naranja cuya aplicación aérea está prohibida en esta provincia. Además consta la utilización de endosilfán compuesto, un insecticida y acaricida prohibido en más de 50 países, y de metamidofos, otro insecticida que acaba de ser prohibido en Brasil.

La misma denuncia se repita en otras provincias por parte de la Red de Médicos de Pueblos Fumigados y las Agrupaciones Paren de Fumigar y Paren de Fumigarnos.

En el pueblo cordobés de Gatica, según un estudio oficial, a 114 de los 142 niños analizados se les detecto contaminación con agroquímicos.

En la Leonesa y Las Palmas, el Gobierno provincial ordenó hacer públicos los datos de los hospitales. Fue en 2010, y los datos confirmaron las sospechas de los vecinos: los casos de cáncer en niños se triplicaron y las malformaciones en recién nacidos aumentaron en un 400% en tan solo diez años.

Chicos que no caminan y trabajadores con irritaciones cutáneas, con las manos y los pies destrozados es una realidad en Argentina. Fruto de venenos utilizados en el campo que están prohibidos en Europa o Estados Unidos, pero no en Argentina y Brasil.

Anuncios

From → Noticias

Dejar un comentario

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: